Hace ya muchos años, cuando inició la construcción del desarrollo habitacional Santa Fe, varias agrupaciones ciudadanas y profesionales, alertamos del riesgo de que existiera un solo acceso para la población tan grande que se esperaba albergar en esa zona.
Lamentablemente, el tiempo nos dio la razón a los criticones y, hasta ahora, los problemas de congestión vial y falta de movilidad permanecen, muy a pesar de los esfuerzos oficiales por resolverlos.
Pero esa congestión afecta no sólo a los residentes del fraccionamiento, sino que también compromete el tránsito de la carretera libre a Rosarito así como a las incorporaciones al libramiento Rosas Magallón y a la circulación del bulevar Cuauhtémoc, lo que crea un efecto de dominó que alcanza las áreas más concurridas de la ciudad.
Las razones de ese desequilibrio son múltiples y ninguna de ellas puede llamarse única, ni siquiera la principal: la falta de transporte colectivo eficiente, la lejanía de centros de trabajo, escuelas, comercios y servicios, son sólo algunas que, sumadas a la falta de supervisión urbana y de planes de conectividad, han desembocado en la situación caótica actual.

Pero como dice mi compadre, eso ya pasó.
La pregunta ahora es cómo evitar una situación similar y no repetir la experiencia. La respuesta es simple y no se refiere sólo a la planeación urbana, también involucra voluntad política y ética empresarial. Por supuesto que la planeación urbana es el primer escalón y para eso contamos con el IMPLAN, que ha producido documentos, cartas, planes de desarrollo municipal y parcial, suficientes para regir el ordenamiento requerido por una ciudad como Tijuana.
Pero no basta con dictar cómo desarrollar, también debe vigilarse el cumplimiento de las directrices del desarrollo, y ahí es donde participa la voluntad política pues, ¿de qué sirve establecer un plan si el ejecutor puede cambiarlos sobre la marcha? y peor aún, si esos cambios obedecen a los intereses de algún empresario poderoso y escaso de ética.
Lo anterior puede servir como alerta para prevenir situaciones similares en algunas Delegaciones que se enfilan hacia la misma problemática; quienes han tratado de acceder a la Zona Río desde Otay usando la rampa Buenavista, o quienes necesitan llegar o salir del
Fraccionamiento Playas de Tijuana, pueden atestiguar la ineficiencia vial. En particular, parece que las causas que provocaron el desorden de Santa Fe se repiten ahora en Playas de Tijuana: una gran población con una sola vialidad de acceso, aunque habrá quienes digan que son dos, la verdad es que el segundo acceso sólo sirve para incrementar el volumen de tránsito en las tres principales arterias del fraccionamiento.
Playas fue un desarrollo bien planeado y bien construido, donde sus residentes disfrutaron siempre de la tranquilidad y la buena vecindad, la abundante oferta educativa, los comercios cercanos y plazas y parques para la convivencia social. Esta oferta provocó que aunque lento, su crecimiento poblacional fuera en aumento constante, aunque limitado por la lejanía del resto de Tijuana y de la Garita Internacional, a los que sólo se podía acceder por la carretera a Ensenada.
En cuanto al crecimiento de la vivienda, es notable su crecimiento sin control que afecta los lomeríos a ambos lados de la carretera, anteriormente cerros pelones y ahora cubiertos de “pichoneras”.

Actualmente Playas está enfrentando una fuerte densificación mediante la construcción de torres para vivienda, que no siempre obedecen a los planes que establece el IMPLAN en su carta urbana, sobre todo en cuanto al uso de suelo. Como ejemplo de esto, menciono que las agrupaciones civiles del fraccionamiento han venido protestando desde hace tiempo por los proyectos de construcción de torres en predios cercanos al mar, que afectan a una área destinada al cuidado de la flora y fauna nativas, pero que además comprometen servicios y vialidades proyectadas para un nivel menor de ocupación poblacional. Los residentes argumentan que si el nivel de servicio actual en las vialidades está al límite, ¿qué será cuando se incremente el tráfico debido a los nuevos habitantes que ocuparán las torres?
Con la entrada en servicio del viaducto elevado, podría ampliarse la oferta de vivienda para los vecinos del norte, tanto para los que deseen reducir sus costos de vivienda, como para los inversionistas inmobiliarios, pero el tiempo de acceso a Playas de Tijuana no depende del nuevo viaducto, sino de la capacidad de la carretera donde desemboca.
El nuevo plan de desarrollo urbano seguramente modificará los usos del suelo actuales y las densidades habitacionales, lo cual es necesario y conveniente, pero también favorecerá la creación de nuevas y mayores torres en el fraccionamiento, incrementará la población y generará problemas viales, igualito que en Santa Fe. Ojalá me equivoque.
Rubén García Fons, Residente de Playas de Tijuana




