- En las ciudades fronterizas del norte de México, el comercio informal no es solo un fenómeno económico, sino un reflejo directo de las dinámicas sociales, migratorias y urbanas propias de la región.
Casos recientes como los operativos de retiro de puestos en Ciudad Juárez vuelven a colocar el tema en el centro del debate público, en un contexto donde la expansión urbana, la movilidad y la informalidad laboral convergen en el uso cotidiano del espacio público.
Pero la situación no es exclusiva de esa ciudad. En Tijuana, Mexicali o Nogales, el comercio ambulante forma parte del paisaje urbano y del sustento de miles de familias.
Las ciudades fronterizas comparten características que explican la persistencia del comercio informal:
- alta movilidad poblacional
- migración constante interna e internacional
- dependencia del sector servicios
- empleo formal insuficiente para absorber la demanda laboral
En estos contextos, vender en la calle, instalar un puesto o trabajar sin registro fiscal se convierte menos en una elección y más en una estrategia de supervivencia.
La cercanía con Estados Unidos genera además economías híbridas: consumo transfronterizo, turismo médico, comercio minorista y flujos de mercancías que favorecen actividades comerciales rápidas y de baja regulación.
El verdadero choque no es entre autoridades y vendedores, sino entre dos derechos legítimos:
- el derecho al trabajo
- el derecho a la ciudad
Cuando los puestos ocupan banquetas, cruces o vialidades, entran en juego factores críticos:
- seguridad vial
- accesibilidad para peatones
- transporte público
- protección civil
- imagen urbana
Las autoridades suelen responder con operativos de retiro, pero sin políticas integrales estos esfuerzos tienden a ser temporales.
El crecimiento acelerado de ciudades fronterizas ha superado la capacidad institucional para ordenar el territorio.
La informalidad surge donde faltan:
- mercados públicos suficientes
- corredores comerciales regulados
- permisos accesibles
- políticas de integración económica
En otras palabras, el comercio ambulante suele ocupar el vacío dejado por la planeación urbana.
En Tijuana, el fenómeno ha entrado en una fase de administración institucional más que de confrontación directa.
El Ayuntamiento de Tijuana inició este año el proceso de revalidación de permisos para comercio ambulante y mercados sobre ruedas, una estrategia que busca ordenar la actividad, otorgar certeza jurídica y garantizar condiciones sanitarias mínimas.
Al mismo tiempo, organismos empresariales han elevado la presión pública. La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados y otros sectores comerciales han advertido que la expansión del ambulantaje afecta la movilidad urbana, la imagen del centro y la competencia entre negocios formales e informales.
Este escenario confirma que en ciudades fronterizas el comercio informal ya no se discute como anomalía, sino como una realidad estructural que debe gestionarse sin comprometer el funcionamiento urbano.




